viernes, septiembre 16, 2016

Salvador de Bahía Parte 4: Iglesia de Bonfil y playas de Ribeira


Sou um amigo que volta feliz Pra teus braços abertos, Bahía! 
Sou poeta e não quero ficar Assim longe da tua magia!
Deixa ver, teus sobrados, igrejas
Teus santos, ladeiras
E montes tal qual um postal
Dá licença de rezar pro Senhor do Bonfim
Salve! A Santa Bahía
imortal, Bahía dos sonhos mil! 
Eu fico contente da vida
Em saber que Bahía é Brasil! 
Salve! A Santa Bahía imortal, Bahía dos sonhos mil!
Bahia con H de Caetano Veloso y Gilberto Gil

Si como comenté en la primera parte de las crónicas sobre Salvador de Bahía estábamos acércandonos a su corazón estos dos últimos días podemos afirmar sin titubear que este lugar del mundo donde el África se fusionó con Brasil nos enamoró para siempre.
Era domingo y decidimos visitar la Iglesia de Nuestro Señor de Bonfim, la mas popular, aquella donde el sincretismo religioso se muestra en su máxima expresión. Donde las cintintas ( filhas) de todos los colores flamean en sus rejas cubriéndola completamente. Allí arriba de un morro este lugar es un imperdible de Salvador. Esa mañana mientras desayunábamos le pregunté a Juli que horarios eran las misas los domingos  ya que tal vez nuestra visita coincidiría con una misa. Fue un comentario al pasar basado en que con Wally muchísimas veces en nuestros viajes sin saberlo hemos llegado a las iglesias mas emblemáticas en el horario de la misa desde el Duomo de Milán, la parisina Notre Dame hasta la bella iglesia del pueblo donde nació su abuela en Gallarate, solo por decir algunas. Y es un plus vivir esas ceremonias religiosas porque permiten percibir mas profundamente la esencia de un lugar.
Nuestro Señor de Bonfim es un santo portugues que la  población bahiana asoció a su orixa mas importante o padre de los orixas ; Oxalá. Por ello es esta es una iglesia muy especial. Llegamos y antes de entrar se nos acercaron todo tipo de personajes muy pintorescos que vendían cintas o que te apantallaban con unas ramas verdes y te ofrecian sanación y oraciones. Logramos mediante un esfuerzo entrar a la iglesia que estaba repleta de personas asistiendo a la misa. No se muy bien en que parte llegamos pero había una cola para sacarse fotos delante del altar y a la derecha del mismo un grupo de músicos con teclado en vivo tocando. En un momento entre hacia un lateral y vía una fila de gente a la cual le pregunté para que era, me respondieron que esta el sacerdote y cada uno se acercaba y podía conversar unas palabras con él, contarle algo o pedirle una bendición. Busque a Julian y a María del Carmen para contarles y ellos se fueron gustosos a la fila. Cuando los encontré estaban en el otro lateral en una sala algo extraña, en las paredes estaban fotos y cuadros de agradecimientos por milagros o respuestas a los pedidos y del techo colgaban partes del cuerpo humano de plástico o de otro material que daban un poco de impresión. Presumimos que tenían que ver con una forma de agradecimiento. 


Walter allí encendió una vela de esas que se prenden con una moneda para la salud de todos los seres que amamos. Es habitual que lo hagamos en la mayoría de las iglesias que visitamos sobre todo en la que nos impactan mas. Mucho no nos gusta cuando no es una vela de verdad pero lo hacemos igual . Mientras caminábamos por allí yo miraba asombrada la cantidad de gente pero sobre todo el espíritu de alegría que podía trascenderlo todo. Incluso , las personas iban de un lado a otro y no había la menor señal de formalidad ni mucho menos de guardar algún ceremonial.
En un momento observé que fuera de la iglesia pero dentro de su predio, entre las rejas y el había muchísimas velas , algunas de colores y sobre ellas algunas figuras de orixas y una señora que parecia rezar concentrada o incluso estar en algún transe. Salí con Walter y mientras trasmitia en vivo por Facebook trate de averiguar de que se trataba pero no quise interrumpirla. Unos minutos después me distraje filmando a Wally que había encontrado una vela de verdad y la estaba encendiendo. Cuando se me acercó una señora muy humilde y me preguntó si podía ayudar en algo. Le trasmití mi inquietud de conocer a que colores y que fuerzas de la naturaleza representaban los orixas y me empezó a explicar contestando todas mis preguntas con mucho sentimiento. Tratando incluso de vencer la barrera idiomática esforzándose en que yo comprendiera. Fue un momento muy especial el que viví y mientras Wally filmaba en vivo yo me abstraía incluso de eso y finalicé abranzando y besando a esta hermosa persona llamada Solange, Era de familia de esclavos traídos de África pero de alguna colonia francesa de allí su nombre. Nacida en Salvador y realmente una mujer sencilla pero encantadora. Nos despedimos e ingresamos  una vez mas a la iglesia para encontrarnos con Juli y Mari y toda la gente cantaba una canción que habitualmente se escucha en las misas pero prácticamente bailando y levantando los brazos como en una fiesta. Eso era la misa para estas personas creyentes, una fiesta de alegría y de fe. Nunca vi algo igual. Y creo que cuando algo es tan genuino deja huellas. Esas huellas aún hoy resuenan en mi alma.

Nos fuimos de Bonfim comprando cintas a los que andaban en la plaza frente a la iglesia que llevaban una remera de algún grupo que pertenecía a la misma. Subimos al auto y estábamos conmocionados y felices. Era domingo y antes de llegar a la playa nos enfrentábamos a un desafío : donde comprar cervezas Skol e hielo para llenar nuestra flamante heladera . Todo estaba cerrado, con las indicaciones de algunos lugareños y ante la investigación exhaustiva de Mari y Wally llegamos a un barrio muy pobre, muy humilde, casi el inicio de una favela donde una distribuidora de bebidas vendía tras un local bien enrejado latas e
hielo. Allí en una callecita angosta con un cielo lleno de cables y en una esquina donde unas señoras sentadas en la vereda charlaban a la fresca,  Enfrente la escalera de una casa que había construido la subida de su escalera caracol sobre la pequeña acera. La sensación de inseguridad hizo que esta primera vez no bajara del auto e incluso Juli diera la vuelta para estar prestos a salir rajando. Wally y Mari felices con su compra y ajenos a todo temor armaron la heladerita en el baúl con tranquilidad y parsimonia. Estábamos a pocas cuadras de la avenida Beija  Mar sobre la cual se encuentras las playas del barrio de Ribeira.  Paramos primero en un puerto pequeño donde nos sacamos unas fotos y luego continuamos por la misma calle hasta parar en un bar que tenía unas reposeras y sombrillas. Le consultamos si podíamos alquilarlas  dado que ya teníamos nuestra bebida y nos dijeron que si consumíamos algo no había que abonar nada. De hecho la idea era comer algunos "petiscos" a lo lardo de la tarde y así arrancamos nuestro día de playa.



El sol parecía que nos acompañaría el resto de la jornada y la playa era hermosa, Ribeira está en la parte mas profunda de la Bahía de Todos los Santos, justo donde la bahía forma su semicírculo y el mar era calmo y transparente. En su orilla se podían divisar caracolas y piedras hermosas y allí discurrió nuestro día nadando en las aguas calmas y cristalinas y esperando un atardecer que fue deslumbrante. En un momento incluso Wally salió del agua con dos erizos de mar preciosos, los trajo a la mesa y sin pensar siquiera que eran  peligrosos los filmamos me los pasó a mi mano y luego los devolvió al mar. Hacia la derecha se podía ver en la cima del pequeño morro la Iglesia de Bonfin y en el horizonte barcazas de  pescadores y un poco mas lejos un barco imponente. No recuerdo el nombre del bar pero si que comimos rico y hasta que cayó el último rayo de sol nos quedamos en la playa haciendo fotos del atardecer con poses divertidas y felices. Había gente en la playa la mayoria del lugar  ya que era domingo . Una familia que estaba cerca nos llamó para decirnos que no era seguro el lugar de noche y nos sugirió que nos fuéramos antes de que oscureciera.
Le agradecimos por supuesto y lo hicimos. El pronóstico aquella noche indicaba que al día siguiente el sol volvería a salir y por unanimidad decidimos regresar a Ribeira para despedir nuestro último día en Salvador aquel lunes.
Esa noche teníamos acumulación de emoción y amor por la gente de esta ciudad y por la belleza del Pelourinho al que decidimos regresar a la noche para cenar y escuchar música en vivo y vivir su movida nocturna. Previo paso por el hotel a cambiarnos subimos con el auto y lo estacionamos frente a la mismísima Iglesia de San Francisco al cuidado de unos muchachos que nos recomendaron lugares para cenar.
A la noche la seguridad esta redoblada, adonde miremos había militares o policías pero ni siquiera esa sensación de ciudad sitiada impide sentir la belleza del lugar, es mas, la sensación de seguridad es una tranquilidad. Si bien hay lamentablemente algunos chicos afectados por el crak ( aquí llamamos Paco) nadie molesta a los turistas, hay algunas escaramusas entre ellos pero la fuerza militar los ignora, evidentemente solo actúa en caso que molesten a turistas. Llegamos al bar del centro de la plaza donde estaban tocando en vivo y cuando íbamos caminando hacia allí Julian dijo que creyó ver a Solange que caminaba a pocos metros de atrás, yo la vi pero me pareció que no era ya que era una mujer muy bien vestida y arreglada para una noche de paseo. Sin embargo mientras miraba con Mari la banda alguien que ya me había reconocido me tocó la espalda y cuando me dí vuelta estaba allí Solange que primero vió a Mari e inmediatamente empezó a buscarme alrededor . Estaba hermosa, arreglada para disfrutar la noche y lo primero que hizo fue tomar mi mano y sacarme a bailar. Hay momentos que sobran las palabras. Me hizo señas para que yo fuera sintiendo el ritmo y termine bailando feliz y ni yo misma sabía como se movían tan rápido mis piernas cuando vio que ya podía hacerlo sola me dejó y sacó a Mari. Aún hoy me estremezco cuando recuerdo aquel momento de felicidad. Un rato después la orquesta terminó su show y Solange nos sugirió lugares donde cenar unos acaraje e incluso me llevó hasta un lugar y le dijo a su dueña que nos atendiera bien. Le agradecimos mucho. Incluso su recomendación para que no tomáramos una calle que bajaba hacia la ciudad muy especialmente.Este encuentro no hizo otra cosa que darle mas magia a la noche. Decidimos igualmente no cenar arriba, ya era un poco tarde, en invierno los restaurantes como mucho cierran a las diez y media de la noche y andábamos con ganas de una buena cena y no de boliños así que volvimos a Barra a cenar en Portal del Mar nuevamente porque tenía una excelente cocina. Esa noche nos sentíamos muy felices. Pensamos que nada podía superar tanta alegría pero evidentemente en este tema la ciudad era sorprendente,. Creo que Salvador te va envolviendo en un clima especial y si te dejas llevar se produce una comunión inigualable.
Al otro día, lunes, y nuestra última jornada en Salvador nos levantamos temprano para regresar a las playas de Ribeira. De camino compramos unas frutas en unos puestos callejeros. Paramos unos diez minutos en el Mercado Modelo a comprar unos recuerdos de último día y por supuesto bajaron Mari y Wally quien volvió corriendo escapando de su amigo "Pedro" ( ver crónicas anteriores) parece que no se olvidó de él y apenas lo vió se acercó a venderle y Mari lo llamó a los gritos,entonces Wally le prometió que luego de hacer las compras con "su mujer" y Pedro le pidió que fuera "hombre de palabra" y él asintió. Allí sigue Pedro esperando y calculo que aunque pasen años cuando volvamos al Mercado Modelo de Salvador allí estará Pedro esperando a Wally.
Y por supuesto volvimos al mayorista de bebidas en el barrio de los miles de cables en el cielo y un aire, por lo menos, inquietante. Pero esta vez me animé tímidamente y le dije a Juli que estuviera atento que iba a bajar un minuto. Empecé a trasmitir en vivo por Facebook con el Iphone en mano, caminé hacia la calle de la esquina frente a donde Wally y Mari estaban comprando cervezas. Mientras filmaba comencé a notar que un muchacho alto me miraba mal e incluso hacía señas a alguien de arriba de una casa con su celular. Inmediatamente volví al auto y le comenté a Juli que me dijo que no me preocupara que tenía la remera con el logo del lugar donde compraban la cerveza pero seguía mirándome mal. Juli empezó a dudar y yo  me subí al auto empecé a sugerirle que volviera a girar el auto para salir a la avenida como el dia anterior cuando ambos nos dimos cuenta que este hombre me estaba diciendo que ahí no podía filmar....Ahhhh.....con el pulgar hacia arriba le insistí en que ya no filmaría y corte abruptamente la filmación y subí la ventanilla. A los pocos minutos lo veo al lado de mi ventana tratando de ver si seguía filmando desde adentro. Y entonces baje la ventanilla y con una sonrisa le mostré las dos manos. Siempre tenía cara de asesino de película yanki. Unos minutos después llegaron Wally y Mari que no tomaron muy en cuenta nuestra anécdota y se pusieron a llenar la heladerita con la misma parsimonia del día anterior mientras el grandote seguía mirándome fijo. Al fin unos minutos después salimos hacia la playa que estaba a pocas cuadras. 
Cuando llegamos al bar de la playa donde habíamos estado el día anterior estaba cerrado, retrocedimos unos cien metros porque vimos un bar que parecía abierto y tenía pizza, tampoco abría los lunes pero al lado en un bar que no lucía cartel pero se llamaba La Vitrola tuvieron la amabilidad de colocarnos una sombrilla en la playa con mesa y sillas. Su mozo de nombre nombre Savonech ( no se bien como se escribe) nos invitó a disfrutar sin ningún temor del lugar ya que había justo en la puerta unos muchachos que asustaban un poco o nosotros veníamos comiéndonos una trhiller. 


Tratamos de hacerle caso. Ese día no había literalmente nadie en la playa y era cerca del mediodía. Mientras esperábamos el primer pedido de bolinhos (los mas ricos de Salvador y hemos probado suficientes) nos turnabamos para entrar al agua e incluso mirábamos cada tanto a los pibes que se acercaban demasiado a nuestra mesa. En un momento salió del bar un señor que dijo ser el dueño y nos invito a disfrutar el día sin preocuparnos en absoluto por la seguridad ni por esos muchachos ni por nada . Dijo entren todos al agua, dejen las cosas aca que Savonech estará atento cuidando todo. Acá no pasa nada. Y tampoco en el agua ya que hay peces y caballitos de mar que podrán ver cuando nadan....ni siguiera hay erizos, nunca se ha visto un erizo! Yo tomé mi teléfono y le mostré el que tenía en mi mano filmado el día anterior en la playa a unos metros de allí y no lo podía creer! Y ahí nos relajamos, notamos que este hombre se acercó a los pibes y les dijo algo que seguramente sería que no molestaran. Y nos olvidamos de todos. El agua era calma y no había nadie , solo podíamos ver el navío en el horizonte que permanecía en el mismo lugar que el día anterior y las barcas de pescadores. Allí nadamos un rato mientras los peces se nos cruzaban sin necesidad de hacer snorkel ni nada. En un momento vimos venir muy desde lejos un kayak blanco y al lado otro muchacho nadando. Llego hasta la orilla y trajo cangrejos y buzios.
Savonech nos trajo el cangrejo vivo a la mesa para que lo viéramos. ¿Quieren que se los cocine? preguntó y por supuesto que aceptamos. Un rato después comíamos esa carne exquisita y nos enseño a comer las patas. Al rato llegaron los buzios y fue el turno de Andrese de enseñarnos a comerlos sacandole el estomago. Eran exquisitos a pesar de a primera experiencia en que me lo comí con estomago lleno de arena y todo. Un rato después nos trajo un vaso de vodka y gajos de una naranja alimonada para compartir, y luego vinieron los camarones y así fue sucediendose la tarde. El bar tenía una colección de vinilos y se escuchaba en su "vitrola" una bandeja moderna Santana, Michel Jackson entre otros. En un momento fui con Juli y filme la cocina en vivo y le pedí Caetano y la señora que atendía adentro lo puso enseguida. Me mostró sus artesanias hechas con caracoles que eran bellísimas. Volvimos a la playa para seguir disfrutando y mientras la voz de Caetano Veloso inundaba el ambiente el sol volvió a ponerse pintando el cielo de naranjas y grises y el mar se volvió de plata. Era lo mas parecido a la perfección que hayan percibido mis sentidos. La caída del sol marcaba el ocaso de nuestro viaje a Salvador y empezó a inundarme la tristeza. 

Mientras juntabamos las cosas yo fui a cambiarme la malla al auto por ropa seca y a guardar cosas. Julian vino hasta el auto y juntos mirando el horizonte nos embargó la melancolía. Recuerdo que me dijo "con un día mas me conformo no quiero irme hoy"y yo me estremecí de esa mezcla de nostalgia y tristeza pero también de alegria que describe ninguna otra palabra mejor que Saudade. 
Unos segundos después vemos venir a Mari llorando y diciendo " ahora si que esta ciudad me conquistó, ahora quiero volver" y Walter nos cuenta que Nancy le regaló  un hermoso fanal con caracolas que tenía de adorno en su coqueto baño. Y que además Mari la abrazo y le dió un beso. Las lagrimas de Mari fueron la muestra mas cabal de lo que puede el corazón generoso y alegre de un bahiano. Vivimos in crescendo cada día y cuando amábamos ese lugar como a una primera novia  llegó el momento de volver.  Yo supe en ese mismo instante mientras rodaban las lágrimas en mis mejillas que volvería a Bahía porque era  muy larga la lista de cosas pendientes. En un mes, en  un año en diez una tarde soleada volvería ver  caer el sol sobre el mar de la Bahía de Todos los Santos escuchando la voz de Caetano desde "la vitrola", brindando con Caipirinha preparada por Savonech. 
Un día , vaya a saber cuando, Solange volverá a mi encuentro, Nancy le regalará caracoles a Mari, Pedro perseguirá a Wally y nuestra Paquita portuguesa le dirá en tono imperativo a Juli " en cien metros gira a la izquierda en Sete de Setembre mientras que la hermosa y nivea  sonrisa de la bahiana Victoria lo esperará en el Pelourinho. 
Una vez mas un lugar de este mundo nos volvió mas humanos e iguales, de eso se trata viajar con el corazón abierto. Nos fuimos a mirar las luces de la Bahía desde Montserrat y en el Ponte de Humaitá para ponerle el broche de oro a esa jornada. 
 Gracias a todos los bahianos que en este viaje nos ofrecieron su corazón y su alegría. 
El personal del Gran Hotel Da Barra, Claudio de la Playa de Barra, Claudio el artesano del macramé, El histriónico Victor de la playa de Barra, Eu Paleta el inolvidable vendedor de helados.  El cuida coches de la puerta del Mercado Modelo, Pedro el amigo de Wally, la masajista de la plaza del Mercado Modelo, la bahiana del museo, Joan nuestro guia por el centro histórico, la gente de Brasil Receptivo por su excelente transfer, la atención de la recepcionista de Localiza rent a car, los mozos de cada restaurante que pisamos El loco fanático del rock nacional argentino del supermercado de Barra .  Y muy especialmente a la gente del Bar La Vitrola que jamás olvidaremos. Al igual que a Solange. 
Hasta siempre Salvador de Bahía.....volveremos a amanecer en tus brazos!



Nos alojamos en Gran Hotel Da Barra
R. do Forte de São Diogo, 02 - Barra, Salvador - BA, 40130-170, Brasil
Teléfono: +55 71 2106-8600